Por novena temporada seguida, en 2019 se superó la marca de triples-dobles del año anterior — y se batió un nuevo récord: 127. Westbrook con 34 lideró la liga, con Jokic (12), Simmons (10), Doncic y LeBron (8) sumando. En total, 37 jugadores firmaron uno, incluyendo a Hezonja, Vucevic o Delon Wright (3). No voy a descubrir nada: conseguir un triple-doble en la NBA actual es mucho más fácil que hacerlo antaño.

¿Por qué? Hay varios factores para explicarlo. El 100% de los triples-dobles (TD en adelante) el año pasado fueron con rebotes y asistencias, por lo que he ido a analizar esos supuestos. Como ha variado la cantidad de rebotes, asistencias y la eficiencia de la NBA en los últimos años… desde 1980, año que se implementa el triple en la liga. Abrimos basketball-reference y a bucear.

Tres parámetros: pace, field-goal percentage y cantidad de TDs cada año. Podría haber usado eFG% pero realmente nos da igual si es tiro de dos o de tres, porque el rebote o la asistencia vale igual. ¿Hay relación? Veamos.

Desde 1980 hasta 1999, el pace fue bajando progresivamente hasta las benditas ECF de 1999 entre Knicks y Pacers, donde solo uno de los dos equipos llegó a +100 puntos en seis partidos. Un low histórico, 88.9 posesiones por partido y 46.6% eFG. Un drama absoluto. Desde entonces, rise and shine. El curso pasado, se volvió a jugar a +100 posesiones por partido por primera vez desde 1989 y este 2020 —que no está en la gráfica—, estamos en +102. El juego es más rápido, más tiros: metidos, puntos y asistencias; fallados, rebotes.

2013, LA NUEVA DINÁMICA 2013

Es 2013 el año que cambia la dinámica. Hasta entonces, sí que había una pequeña relación entre el ritmo y la estadística individual. En los últimos ocho años, se ha disparado. No tiene que ver con el triple, no tiene que ver con el pace. Sí con el concepto estrella, all-star. Conseguir un triple-doble se convierte en el nuevo +50 puntos que Iverson, Kobe o McGrady tanto buscaban. La moda del momento, a veces incluso demasiado estúpida, como Ricky Davis o Andray Blatche.

En sus primeras doce temporadas, LeBron consiguió 42 TDs. En las últimas tres más 10 partidos de este año, acumula 43 ya. Una nueva moda, que no tiene relación con el porcentaje de tiro [ver tabla aquí], y sí con la tendencia del baloncesto. El point-forward, el cinco generador, el guard físico. La nueva NBA. Y sí, se han recuperado los partidos de +50 puntos también, aunque meter 14 triples ayuda mucho.

Pero el número que ha bajado a mínimos históricos es el de partidos necesarios para conseguir un TD — o cada cuanto se consigue uno. Y si no, mirad los últimos años desde la ya mencionada 2013. Este año, por seguir mostrando la tendencia, el ratio de partidos para conseguir un TD es de 9.26, todavía menor (15 TDs en 139 partidos).

Al mismo tiempo, hay que poner en contexto los grandes hitos. Entre 1961 y 1968, se necesitaban 9.302 partidos para conseguir un triple-doble — con un mínimo histórico de 5.806 en 1962. Aquel año, en la NBA coinciden Oscar Robertson promediando triple-doble, Richie Guerin, Bob Cousy y Tom Dola, el primer triple-doble machine de la NBA. Big O (5 veces), Chamberlain (2) y Magic son los únicos con temporadas de +18 TDs antes de 2015.

¿Existe entonces una correlación?

No demostrable. No hay una relación clara entre el pace y los TDs, o entre el FG% y la cantidad de TDs que se consiguen en la NBA actual. Es el nuevo juego, donde la estadística predomina —boxscoristas, Fantasy’s, bonus salariales…— y marca el camino. Una nueva era donde sí que es verdad que el juego es más rápido, y sí que se fallan más tiros… pero eso solo facilita el nuevo objetivo.

Conseguir un triple-doble es pan de cada día (127 en 176 días, uno cada 1.39 días). Promediar un triple-doble es posible. El siguiente reto será buscar la correlación entre conseguir un triple-doble de valor o simplemente sumar números vacíos que no empujen a tu equipo a la victoria. Y no estoy mirando solo a Westbrook.

 


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