Frank Rijkaard sabía meses atrás que no iba a seguir. Lo supo cuando contra el Depor perdió toda la esperanza de luchar por la Liga, cuando el Valencia eliminó al Barça de la Copa en la vuelta de las semifinales y sobretodo, en el momento que Scholes fusilaba la esperanza de ganar cualquier título. Temporada en blanco, borrón y cuenta nueva. O lo es que es lo mismo, destitución y nuevo capitán para el navío blaugrana. ¿Guardiola? ¿En serio Josep Guardiola?

Sí. No había trampa ni cartón. Laporta y su junta, en el mejor movimiento en la historia del Barça, decidieron ascender al técnico del filial a la categoría de jefe del vestuario culé, algo que fue 8 años atrás con todavía el ‘4’ a la espalda. Presión indefinible, un reto prominente por delante y un conjunto vacío: Ronaldinho y Deco, los primeros que debían bajar del tren. Guardiola iba en serio. A Eto’o, en cambio, se le perdonó el primer año, no más.

Se va Guardiola. Deja los banquillos, como mínimo por un tiempo. Pero antes de hacerlo, quiere cerrar el círculo que empezó ante el mismo rival, en la misma competición. Buscará el título 14, como Cruyff. El dorsal, quiero decir; Pep ya está por encima del mítico holandés. 

Debutó en partido oficial en Champions el 13 de agosto de 2008, en una previa ante menos de 60.000 personas y con la segunda equipación en el Camp Nou, algo insólito. No era el mejor inicio. Tampoco el rival puso mucho de su parte (4-0 al Wisla de Crackovia), todavía sin Messi, con permiso para los Juegos de Pekín en la que fue la segunda decisión polémica de Pep. Si además el debut en Liga se solventa con una derrota en Soria (1-0 ante el Numancia) y un empate en el Estadi (1-1 contra el Racing), el run-run que SIEMPRE vuela por los aledaños del mítico campo culé se alimentó de portadas, comentarios y críticas, no muy constructivas.

Abusaremos de la frase hecha ‘el resto es historia’ para viajar directamente a mañana. El 25 de mayo será, por ahora, la última aventura de Guardiola como líder barcelonista. El de Santpedor ha evolucionado la figura del entrenador hasta convertirla en referente dentro y fuera del campo, dels valors que tanto duelen a los no escépticos de la filosofía Barça, el máximo exponente de que el sistema funciona en la Masia y el primer, y por ahora único, hombre en la faz de la Tierra que admite públicamente que mea colonia.

Y el destino, bendito y atrevido, ha querido que el Barça de Pep, o que Pep con el Barça, puedan cerrar el círculo mágico que crearon ese 13 de agosto con un título. Curioso, también, que sea de la misma manera que fue el primero de todos los que ha ganado el técnico que más alegrías ha dado al culé en más de 110 años de historia. La primera vez que fue manteado, en Mestalla, el Barça se llevaba la Copa de S.M. el Rey tras barrer al Athletic Club en una final de fútbol de verdad. Remontando el tanto de Toquero mediante Touré, Messi, Bojan y Xavi, para así sumar la vigesimoquinta Copa. Primer trofeo de los trece que iban a llegar, seis ese mismo año.

Pero no es solo la cantidad, que sobrepasa la media de manera exponencial, si no especialmente la manera. Que tire la primera piedra que haya bailado en el Bernabéu (2-6), apabullado a Bayern (4-0), Arsenal (4-1) y Lyon (5-2) en Champions rozando la excelencia, o a Chelsea apelando a la más de las heroicas. Que levante la mano quien sea capaz de ganar sus seis primeros títulos, y hacer un total de 13 de 18 (a la espera de mañana), habiendo perdido solo y únicamente ante el futuro campeón del resto (Sevilla y Madrid en Copa, Inter y Chelsea en Champions y la Liga de este curso ante el Madrid también).

Se cierran cuatro años, 48 magnificos meses de fútbol y alegría, de títulos y asombro mundial. El ciclón Messi, la beatificación de Iniesta y Xavi, el apogeo de la Masia, la enésima juventud de Puyol o la vuelta a casa de Piqué y Cesc. Casi todo queda en segundo plano. Mañana se despide el mejor entrenador de fútbol, entendiendo el concepto fútbol como espectáculo, y esa es la noticia, pese haya gente a quien le importe un pito.

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