No por tardar 19 años en decidirlo será un plan mejor, ni por hacerlo a mitad de carrera cambiará mi vida. No ha pasado ni una tercera parte de mi existencia en este planeta, pero sé que las dos últimas las malbarataré trabajando, así que más vale tener un plan al acabar. Ya sé lo que quiero ser en mi vida.

No quiero un despacho. No quiero encerrarme, no quiero rutina. No quiero silencio, ni soledad. Trabajo en grupo, sin méritos individuales, pero con éxitos personales. Son cosas distintas. Y liderar proyectos importantes, hacerlos salir adelante.

Quiero responsabilidad, también. Ser un espejo para alguien, un becario, alguien tímido, un chico de 14 años.  Quiero tener ilusión, sonrisa y ganas. Quiero verdad.

Volver a ser amigo, de los de cerveza y historia. O más, que sé yo. Ser esa persona que llegué a ser, que parecía humana y todo. Desprender calor, seguridad, humor, felicidad.

Cambiar la pereza por fuerza de voluntad, la timidez por mucho morro, el ansía por madurez y las malas historias por enseñanzas. Solo ser buena experiencia para el que me rodee.

Darme cuenta que no he desaprovechado ni un momento de mi vida. Releer esto cinco, diez, veinte años más tarde y sonreír. Pensar que ha sido una misión cumplida.

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